Qué pasó el 10 de agosto
El 10 de agosto, temprano en la mañana, la tierra se movió fuerte por estas montañas. Fue cosa de segundos.
Cuando salí a caminar por la finca, todo parecía en su sitio. Las casas de siempre (La Conejera, Santa Chila, El Guatín, La Leonera y la casa del maracuyá) seguían ahí paradas, mirando el cafetal como lo han hecho por generaciones. Un par de tejas corridas, nada más, pensé.
Pero la tierra guarda sus secretos abajo, donde uno no ve. La arquitecta de la familia revisó las casas con calma, y el diagnóstico fue claro: el golpe no se fue a las paredes, se fue a los cimientos. Por fuera se ven bien. Por dentro, en lo profundo, hay que volver a levantarlas.
Estas casas no son cualquier casa. Son arquitectura tradicional cafetera, de esa que la UNESCO reconoció como Paisaje Cultural Cafetero Colombiano, patrimonio de la humanidad. Por eso no queremos taparlas rápido y seguir: las queremos reconstruir bien, desde el suelo, como se hacían antes. Que aguanten otro siglo.
Mientras tanto, en el cafetal la vida no se detuvo. Las aves siguen cantando al amanecer, la cosecha sigue su curso y el café especial sigue saliendo tan bueno como siempre.
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La Conejera
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Santa Chila
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La Leonera