Nuestra historia
Tío Conejo comenzó como comienzan muchas buenas historias: con una familia, una montaña y la idea de hacer algo juntos.
La felicidad primero
Tío Conejo nació con una idea sencilla: hacer las cosas bien y pasarla bien haciéndolas.
Queremos producir cafés extraordinarios, claro. Pero también queremos una finca donde dé gusto trabajar, donde la gente quiera volver y donde siempre haya espacio para sentarse, conversar y compartir una taza.
A eso, desde hace años, nosotros le decimos la Fábrica de Felicidad.Queremos que algo bueno pase alrededor de ellos.
Una finca construida en familia
Vivimos juntos, reímos juntos y trabajamos juntos. Los valores familiares son lo que sostiene esto: nadie aquí es solo un proveedor o un cliente, todos son parte de la misma mesa.
Sostenibilidad, en tres frentes
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Social
Equidad, amistad, compasión y respeto. Con esas herramientas construimos relaciones de trabajo justas, todos los días.
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Ambiental
La tierra nos inspira a cuidar el suelo, el agua y la fauna. No dejar huella es la meta.
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Económica
La felicidad como patrón de lo que hacemos nos permite sostener el trabajo, los productos y la forma de vida que elegimos.
Producimos felicidad en forma de café especial y turismo.
Ser diferente es genial
En las madrugadas frías de la finca encontramos los secretos que crean sabores únicos. Cultivamos variedades exóticas (Gesha, Sudan Rume, Wush Wush, Tabi, Castillo, Laurina) y las procesamos lavadas, enmieladas o naturales, según lo que cada una pida.